La ingratitud del humillado
Nada parece molestar más al caritativo que ofrece su ayuda a un desfavorecido que no ver en la persona signo de gratitud. ¡Encima de que le ayudo, cuando no tendría por qué, ni siquiera me da las gracias de manera verbal o con algún gesto o comportamiento! Entonces, traspasando toda la solidaridad de que se hizo gala, vienen aluviones de argumentos que justifican la vuelta de la tortilla. ¡Es un desagradecido, no tenía que haberme molestado en ayudarle! Descubrí hace poco, leyendo un librillo infantil con mi hijo, un cuento tradicional sobre una gallina que ponía huevos de oro y fue regalada a una pareja pobre por un genio. Los geniecillos, duendes, trasgos, etc, ya sabemos, se dedican a hacen pequeñas travesuras y maldades, sin demasiada trascendencia, más allá de molestar a los que deben sufrirlas. Pero no parece que es el caso de esta versión, en la que el hombrecillo se propone demostrar que la pobreza y mala suerte de la pareja, y del pueblo entero, se debe a su mediocridad o esca...